Creado por Lou Benesch y Laetitia Barbier, el Camena Tarot nace del encuentro entre dos miradas muy distintas y profundamente complementarias. Barbier, historiadora del tarot nacida en Francia y autora de Tarot and Divination Cards: A Visual Archive, aporta un conocimiento sólido y sensible de la tradición; Benesch, ilustradora franco-estadounidense, despliega un universo de acuarelas oníricas, de raíz folklórica y gran fuerza poética.
Como la propia Barbier señala, la creación del mazo fue “un pas de deux cautivador, una danza intrincada entre el mundo visionario de Lou y mi conocimiento de las cartas”.
El Camena Tarot está compuesto por 26 cartas: los 22 Arcanos Mayores tradicionales, a los que se suman cuatro adiciones propias. Sigue la tradición de Marsella, por lo que resultará familiar —y a la vez sutilmente distinto— para quienes leen habitualmente con el Rider-Waite-Smith.
El nombre del mazo remite a las Camenae, antiguas ninfas acuáticas romanas vinculadas a los manantiales, los pozos, la profecía, la poesía y la sanación. Son anteriores a la posterior adopción romana de las Musas griegas y encarnan una forma de inspiración más primigenia y terrenal. La más conocida de ellas, la ninfa Egeria, aconsejaba —según la tradición— a Numa Pompilio, segundo rey de Roma, susurrándole leyes y rituales junto a un manantial sagrado.
Como señala Barbier, estas deidades no hablaban como los oráculos, a través de proclamaciones tajantes, sino como habla el agua: en corrientes de sonido, en los silencios entre las sílabas, en la melodía que da forma al propio silencio.

La trayectoria de Laetitia Barbier ayuda a entender la profundidad de este mazo. Formada en Historia del Arte en la Sorbona y con una amplia experiencia en contextos culturales y educativos, su conocimiento se percibe con claridad. El Camena Tarot es un tarot denso, rico y profundamente simbólico; un tarot que invita a mirar despacio y a leer con capas.
El trabajo de Lou Benesch encaja de forma natural con este universo. Sus acuarelas, habitadas por plantas, criaturas, huesos y mitología, nacen —como ella misma dice— casi como visiones, desde un proceso instintivo que dialoga íntimamente con la lectura del tarot. Cada carta está pintada a mano y el cuidado de la edición final transmite una elegancia silenciosa. Como bien señala el proyecto: la magia aparece cuando se abraza la lentitud. Y así es.
Es un mazo bellamente producido, una edición cuidada y valiosa. Las cartas son gruesas, con cantos dorados —un recurso que no siempre me convence, pero que aquí funciona— y se presentan con un pequeño libro guía y una caja resistente, bien pensada, sin exceso ni artificio. Es, claramente, un mazo para amantes del arte; se percibe el profundo conocimiento de Barbier en historia del arte.
El libro guía es sobrio pero sólido. Cada carta se desarrolla con amplitud, incluyendo una visión esotérica, un análisis detallado de sus símbolos y una interpretación final.
Está pensado para una lectura lenta y contemplativa, no para el uso rápido de palabras clave, muy al estilo de mi querida maestra, Leonora Carrington.
En cuanto al estilo de cada Arcano, podemos observar lo siguiente:
Las granadas reaparecen en la Emperatriz de siete pechos, coronada por ellas y sosteniendo su hermoso cetro de espigas. Barbier explica cómo esta multiplicidad de senos la sitúa deliberadamente en la estela de Artemisa de Éfeso, y no en la versión más suave y convencional de la Venus/Afrodita grecorromana.
La fertilidad de esta Emperatriz es estructural, no seductora ni romántica. La abundancia de pechos reformula el acto de nutrir como algo distribuido, no íntimo: no se trata de un solo niño al pecho, sino de una ciudad, un pueblo, un ecosistema entero siendo alimentado al mismo tiempo.
La presencia del pelícano que se hiere el pecho para alimentar a sus crías con su propia sangre, motivo del simbolismo cristiano medieval conocido como el pelícano en su piedad, añade a la Emperatriz una capa más oscura y, al mismo tiempo, más verdadera. Nos recuerda que la maternidad —literal o simbólica— es inseparable del sacrificio y el dolor.
Aunque esta Emperatriz sigue vinculada al placer y al crecimiento, el pelícano introduce otra verdad: ella es también la violencia necesaria para sostener la vida. El cuerpo que se abre a propósito para que otros no mueran de hambre. Hay amores que cuestan sangre. Y es precisamente esta negativa a la suavidad lo que salva a la Emperatriz de la sentimentalidad y la convierte en algo verdaderamente sagrado.

La Sacerdotisa aparece en el mazo con granadas que parecen ojos recorriendo su manto. Este fruto mantiene una asociación larga e íntima con la carta, a través de Perséfone, a quien a menudo se considera un eco de la propia Sacerdotisa.
No resulta extraño, entonces, que la Sacerdotisa esté tan estrechamente vinculada a esta figura liminal, ni que tantas representaciones de la carta incluyan los pliegues carnosos y casi vulvares del fruto de la granada. La Sacerdotisa no representa simplemente el conocimiento oculto, sino algo más específico —y más inquietante—: un conocimiento que tememos conocer.
Las granadas son la carga de Perséfone, consecuencia del engaño y la astucia de Hades, y funcionan como una advertencia. Nos recuerdan que rara vez tenemos una visión completa de lo que está ocurriendo, y que otros pueden estar actuando movidos por intenciones —a veces ocultas, a veces activamente perversas— que permanecen deliberadamente veladas, manteniéndonos en la oscuridad.
En el Camena Tarot, esta lectura se vuelve especialmente elocuente. La Sacerdotisa no guarda el conocimiento como un secreto precioso, sino como algo delicado y perturbador. No todo saber llega para ser revelado de inmediato; hay verdades que exigen madurez, escucha y la capacidad de sostener la incomodidad que traen consigo. Las granadas que recorren su manto no prometen una iluminación fácil, sino conciencia: saber que no vemos todo, que algo se mueve bajo la superficie, y que aprender a permanecer en ese umbral forma parte del camino.
En el Camena Tarot, la Sacerdotisa no encarna un saber oculto en abstracto, sino un conocimiento que vigila y transforma. Las granadas que recorren su manto, semejantes a ojos —ojos de gato—, no solo remiten al mito de Perséfone, sino a una conciencia que ve en la penumbra. No son semillas pasivas, sino miradas atentas: nada permanece del todo oculto, aunque no se nombre.
Esta Sacerdotisa habita dos mundos a la vez. Conoce lo que ocurre en la superficie de la conciencia y también aquello que se mueve en lo profundo de la intuición. Su saber no busca la claridad inmediata; se despliega en la sombra, donde ciertas verdades solo pueden ser asimiladas con tiempo y preparación.
La Sacerdotisa retiene el conocimiento con cuidado: guarda aquello que, si se revela demasiado pronto, podría desorientar o herir. En el Camena Tarot, saber no es iluminar de golpe, sino aprender a permanecer en el umbral.

En el Hierofante del Camena Tarot el conocimiento no desciende desde lo alto: fluye en palabras. Su voz se despliega como una cinta, ofreciendo sentido más que dogma. No porta un cetro papal, sino un bastón de pastor; no se sitúa por encima, sino entre la gente. Los pájaros bordados recuerdan a la paloma de Noé: no la promesa de una paz ideal, sino la supervivencia tras la catástrofe. El mundo antiguo ya cayó. La tarea del Hierofante no es revelar, sino interpretar: tomar la señal y enseñar cómo vivir ahora. No promete salvación. Promete instrucciones.
En el Camena Tarot, el Hierofante no es una figura de poder vertical, sino un mediador del sentido. Su autoridad no proviene del dogma, sino de la palabra: el conocimiento fluye desde su boca en forma de cintas, como si el significado se tejiera en el acto mismo de hablar.
No porta un gran cetro, sino un bastón de pastor; no se eleva por encima del pueblo, sino que se sitúa entre él. Tras la catástrofe, cuando el mundo antiguo ya ha caído, su función no es prometer salvación, sino enseñar a leer las señales y a vivir con lo que queda. El Hierofante no revela: interpreta. Y en esa tarea, profundamente humana, se vuelve necesario.
Y así, los restantes Arcanos Mayores, que iré incorporando poco a poco.
El Camena Tarot se siente como un mazo pensado para lectoras lentas y amantes del símbolo. Es intelectualmente rico sin resultar árido, sensual sin ser blando, y densamente simbólico de una manera que recompensa el tiempo, la atención y la relectura.
Es un tarot que pide ser habitado, estudiado y al que volver una y otra vez. Un mazo para convivir con él. Para mí, una auténtica obra de arte. Imposible no tenerlo.
Gracias a Laetitia Barbier por esto. Un tarot bello, único y enlazado con el origen mismo del arte y del símbolo.
Por Carolina de Pedro by Esotérica (17/01/2026)
El Camena Tarot es un luminoso mazo de 26 cartas de adivinación, co-creado por la artista Lou Benesch y la investigadora del tarot Laetitia Barbier. Enraizado en la tradición francesa de lectura con los Arcanos Mayores, el mazo incluye los 22 arcanos de estilo Marsella, junto con cuatro cartas originales Camena vinculadas al elemento agua.
Esta colaboración única fusiona la profunda mirada simbólica de Laetitia con la voz artística visionaria de Lou. El mazo rinde homenaje a las Camenae, antiguas deidades acuáticas y videntes romanas, cuyos cantos resuenan a lo largo de toda la imaginería. Las cuatro cartas añadidas actúan como portales a su reino acuático, invitando a quienes consultan el tarot a entablar un diálogo con el espíritu arcaico del fluir, la intuición y la profecía.
Impresas en un formato extra grande (aprox. 8,25 × 13,3 cm) y con cantos dorados luminosos, cada carta ofrece una experiencia visual y emocional inmersiva.
El libro guía, escrito por Laetitia, supera las 70 páginas e incluye la historia de la creación del mazo, meditaciones poéticas, interpretaciones simbólicas y propuestas de tiradas. Tanto para lectoras experimentadas como para quienes se acercan por primera vez al tarot, este mazo ofrece una puerta profunda hacia los misterios del agua y el arte transformador del tarot.
Bibliografía y lecturas recomendadas
– 78 grados de sabiduría, Rachel Pollack
– La vía del tarot, Alejandro Jodorowsky
– Los arquetipos y lo inconsciente colectivo, Carl Gustav Jung
– Leonora Carrington: Surrealismo, alquimia y arte, Susan S. Aberth
– Tarot para el imaginario colectivo, Mary K. Greer








