Max Ernst y su “Novia del Viento”, Leonora Carrington, en Saint-Martin-d’Ardèche.
Amor, arte y exilio en Saint-Martin-d’Ardèche: un legado surrealista.
Este texto es una traducción al español de diversos fragmentos y pasajes dedicados a la historia de amor entre Leonora Carrington y Max Ernst, originalmente publicados en alemán. La traducción y edición han sido realizadas para EsotéricaBlog con fines culturales y divulgativos.
Introducción
Hay historias de amor que no pertenecen solo a la intimidad de quienes las vivieron, sino también a la memoria del arte. La de Leonora Carrington y Max Ernst es una de ellas. No fue larga, pero fue decisiva. No fue serena, pero sí profundamente creadora e inspiradora.
Este texto recorre —a través de fragmentos, testimonios y huellas materiales— los años que compartieron entre París y Saint-Martin-d’Ardèche, un tiempo marcado por la pasión, la experimentación artística y, finalmente, por el exilio y la pérdida. Traducir esta historia al español es, para mí, una forma de volver a mirar ese cruce entre amor, imaginación y destrucción histórica que atravesó a toda una generación.
La casa de Saint-Martin, expoliada en gran parte, fue algo más que un refugio: fue un espacio vivo de creación, de libertad, de visión y de amor. Lo que allí ocurrió —y lo que allí se perdió— sigue hablándonos del lugar frágil que ocupa el arte cuando no es protegido. Y también del lugar vulnerable que ocupan las personas cuando no son cuidadas, cuando quedan a merced del miedo, la codicia o el abandono.
Publico este texto como un acto de memoria y de homenaje. Porque algunas historias no deben quedar encerradas en archivos, y porque Leonora y Max siguen diciéndonos —a quienes queremos escuchar y aprender— algo esencial sobre el amor, la creación y el precio que, a veces, se paga por vivir fuera de los moldes.
Carolina de Pedro
03/02/2026
EsotéricaBlog

Fotografía: Lee Miller. © Lee Miller Archives, Inglaterra.
Leonora Carrington y Max Ernst
Amor, arte y exilio en Saint-Martin-d’Ardèche
Sigo la pista de Max Ernst y Leonora Carrington, y de la casa que habitaron en Saint-Martin-d’Ardèche. De camino a la Costa Azul, en un pequeño pueblo, aparece una casa situada en la rue Max Ernst. El nombre despierta curiosidad.
La dueña de la pensión donde nos alojamos nos explica que Max Ernst incluso se había hospedado allí, en casa de su abuela. Sin embargo, no conoce muchos más detalles y nos remite a la oficina de turismo, situada al comienzo de la calle.
Allí, en un rincón, se ha habilitado un pequeño “espace Max Ernst”, donde se ofrece información sobre la estancia del pintor surrealista Max Ernst y de quien entonces era su amante, Leonora Carrington, también pintora y escritora; “dos de los primeros europeos que amaron Saint-Martin-d’Ardèche”, como se indica en un folleto titulado Max Ernst à Saint-Martin-d’Ardèche.
En una pequeña pantalla puede verse —previa advertencia de la mujer de la oficina de turismo— una película antigua, de baja calidad de imagen, pero disponible en varios idiomas, con imágenes originales de los años que pasaron juntos a orillas del Ardèche (1938–1940). Sobre la pantalla, un retrato de Max Ernst y Leonora Carrington, tomado en el verano de 1939 por la fotógrafa Lee Miller.
«Max, ya con el cabello canoso, erguido, mirando a la cámara con ojos luminosos. De manera protectora y posesiva, rodea con su brazo a la joven; ella se hace pequeña dentro de su abrazo y su sonrisa parece perderse en el infinito.»
La amable empleada de la oficina de turismo nos entrega también un plano con la ubicación de la casa que habitaron Max y Leonora, acompañado de una advertencia no exenta de pesar: hoy se trata de una propiedad privada, une résidence privée, que no puede visitarse.
Aun así, no nos desanimamos. En el barrio de Les Alliberts, sobre la colina que domina Saint-Martin-d’Ardèche, tras un rato de búsqueda encontramos finalmente la casa. La ubicación no estaba bien marcada en el plano, pero resulta inconfundible: un gran relieve destaca en la fachada.
La figura masculina de la izquierda es un poderoso ser alado, que levanta los brazos de forma amenazante y abre su afilado pico. No puede ser otro que Loplop, el Ave Superior, figura con la que Max Ernst se identificó profundamente y que aparece de manera recurrente en su obra. Loplop, su “fantasma privado”, le permitía distanciarse de su trabajo al mismo tiempo que presentarlo.
El ser alado posee un doble tronco: sobre un contrafuerte del muro, del que emergen cuello, cabeza y brazos, danza una pequeña figura alada, con escamas y plumas, de boca de rana. Este compañero salvaje también pertenece a Loplop.
Es pequeño, pero podría llegar a ser mucho mayor. ¿Se ha transformado acaso el pulgar en un monstruo? Max y Leonora nunca se pronunciaron sobre el significado de estas criaturas híbridas; el espectador queda así entregado a sus propias fantasías.
Los propietarios no estaban presentes cuando llegamos. Eso permitió, al menos, recorrer el terreno que rodea la casa, algo que habría sido imposible si hubieran estado allí. ¿Dónde están, entonces, las figuras fantásticas que, según las imágenes de la oficina de turismo, poblaban el jardín?


El encuentro
Comencemos por Leonora. Una Carrington: hija de una familia acomodada. Su padre había vendido su empresa al conglomerado químico ICI, convirtiéndose en uno de sus principales accionistas. La joven fue introducida en la alta sociedad y destinada a desempeñar el papel de “buen partido”. En ese marco encajaba su interés por el arte, siempre que se mantuviera dentro de límites aceptables.
Como alumna de una escuela de arte dirigida por un pintor francés, Leonora conoció en junio de 1937, durante una cena en Londres, a Max Ernst, que inauguraba allí una exposición.
Para ambos fue un encuentro marcado por el destino: un coup de foudre, un relámpago, un amor a primera vista tan elemental como arrollador. Para la joven Leonora, Max era el pintor admirado cuyas imágenes la atraían de forma magnética, el hombre soñado de su vida.
Para Max Ernst, Leonora era una mujer joven de una belleza abrumadora. Ella encarnaba el ideal surrealista de la femme enfant: una figura a la vez infantil y eróticamente fascinante.
Tras unos días, Max regresó a París; Leonora Carrington lo acompañaba.
París
Para Leonora, esto supuso la ruptura con su familia, especialmente con su padre. Él intentó incluso obtener una orden de arresto contra Max Ernst por la exhibición pública de imágenes consideradas pornográficas. Su reacción fue tajante: ni un penique más para Leonora y prohibición absoluta de regresar a casa.
En París, Max y Leonora compartieron un pequeño apartamento y llevaron una vida intensa. Ella lo recordaría así:
«En París, Max me enseñó una nueva manera de vivir, de encontrarme a mí misma. Hizo que mis ideas se desarrollaran, las visiones que habían vivido en mí desde la infancia; me atrajo hacia él, hacia el surrealismo. Me dio todo su apoyo, su amor. En nuestra casa siempre había amigos. Celebrábamos reuniones formidables: escribíamos, pintábamos, creábamos poesía, compartíamos ideas y sentimientos…
Max me mostró otro universo y me llevó por caminos a los que, en mi pequeña vida ordinaria de burguesa, jamás habría tenido acceso. Lo adoraba como artista y como intelectual. Fue amor a primera vista. Fue maravilloso. No puedo decir que haya sido la relación más importante; fue un gran amor y un gran mentor.»
Leonora disfrutaba plenamente de esa vida de bohemia vanguardista. Encajaba de forma natural en ella. La vida era maravillosa.
Saint-Martin-d’Ardèche
Los amantes descendían con frecuencia por el sendero entre viñedos hasta el río Ardèche. En el pueblo se comentaba que iban desnudos, que llevaban el bañador en la cabeza, que bebían vino o marc hasta la embriaguez. A él lo llamaban “Le Max”; a ella, “la Anglaise”. Se los consideraba excéntricos, pero se los dejaba en paz.
Lee Miller fotografió en aquellos años la breve felicidad de Loplop y su Novia del Viento.
La guerra, sin embargo, estaba cerca.
La catástrofe
En mayo de 1940 comienza el Blitzkrieg contra Francia. El país cae en el pánico. Max Ernst es denunciado, arrestado nuevamente y enviado al campo de internamiento de Les Milles. Leonora, desesperada, sufre un colapso psicológico.
Instada por amigos a huir a España, Leonora abandona Saint-Martin. Antes de partir, es inducida a firmar un poder que autoriza la venta de la casa y de todo su contenido, incluidas las obras de Max Ernst. La transacción se realiza de manera rápida y fraudulenta. Las obras desaparecen.
Tras la guerra, Max Ernst regresa una vez más a Saint-Martin-d’Ardèche. De los cuadros que había dejado allí no queda nada, salvo Un peu de calme, que había pasado desapercibido al estar pegado a la pared del sótano y ser confundido con un fresco. Max intenta recomprar la casa, pero el precio exigido es desorbitado. Abandona el lugar furioso, calificándolo de “pueblo podrido”.
Años más tarde, la propiedad es revendida. Las esculturas restantes son descontextualizadas y vendidas en el mercado del arte. En 1991, año del centenario de Max Ernst, varias piezas procedentes de Saint-Martin aparecen en subastas internacionales.
Epílogo
El expolio de esta casa de artista —única, irrepetible— es una mezcla de codicia, desinterés, incultura y silencio. No es un capítulo glorioso para las autoridades culturales ni para la protección del patrimonio.
Al menos permanecen los magníficos relieves de la pared sur, hoy protegidos como monumento histórico. Y solo por ellos, el viaje sigue mereciendo la pena.
Nota editorial
Este texto es una traducción y edición al español de diversos fragmentos originalmente publicados en alemán, realizada con fines culturales y divulgativos para EsotéricaBlog.
- Trabajos de amor : www.worldofinteriors.com
En 1938, Leonora Carrington y Max Ernst, en pleno arrebato amoroso, se fugaron al campo francés. Tras comprar una granja, pasaron un verano ardiente decorándola con murales y bajorrelieves: símbolos surrealistas de su unión. Aunque la guerra los separó, las huellas de aquel esfuerzo compartido —y de su relación breve pero intensa— permanecen aún hoy, conservadas con discreción por el actual propietario.
Publicado por primera vez: febrero de 2018
Por Joanna Moorhead Fotografías de Tim Beddow
- El resplandor tras la ruptura: la libertad de Leonora Carrington : www.hasta-standrews.com
Por Claire Ferguson. 20 de marzo de 2023
La carrera artística de Leonora Carrington se extendió a lo largo de muchas décadas. Sin embargo, durante mucho tiempo fue considerada una más entre las numerosas “musas” femeninas de Max Ernst, lo que hizo que le resultara difícil obtener un reconocimiento equivalente por su propia obra.
- Max Ernst at Transamerican Pyramid Center :https://gallerywendinorris.com
Entrada en Transamerica Redwood Park
535 Washington Street, San Francisco

Bibliografía
- Roche, Julotte. Max et Leonora. Récit d’investigation
[Max y Leonora. Relato de una investigación]. Cognac: Le temps qu’il fait, 1997. - Schmid, Silvana. Loplops Geheimnis. Max Ernst und Leonora Carrington in Südfrankreich
[El secreto de Loplop. Max Ernst y Leonora Carrington en el sur de Francia]. Frankfurt am Main: Anabas, 2003. - Ernst, Jimmy. Nicht gerade ein Stilleben. Erinnerungen an meinen Vater Max Ernst
[No precisamente un bodegón. Recuerdos de mi padre Max Ernst]. Colonia: Kiepenheuer & Witsch, 1991. - Hille, Karoline. Gefährliche Musen. Frauen um Max Ernst
[Musas peligrosas. Las mujeres en torno a Max Ernst]. Berlín, 2007. - Bischof, Ulrich. Max Ernst 1891–1976. Jenseits der Malerei
[Max Ernst 1891–1976. Más allá de la pintura]. Edición de Ingo F. Walter. Colonia: Benedikt Taschen Verlag, 1987. - Spies, Werner (ed.). Max Ernst. Leben und Werk
[Max Ernst. Vida y obra]. Colonia: DuMont, 2005. - Spies, Werner (ed.). Max Ernst. Skulpturen, Häuser, Landschaften
[Max Ernst. Esculturas, casas, paisajes]. Catálogo de la exposición (París, Musée national d’art moderne / Centre Georges Pompidou, 5 de mayo–27 de julio de 1998; Düsseldorf, Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen, 5 de septiembre–29 de noviembre de 1998). Colonia: DuMont, 1998. - Blog fuente : Paris und Frankreich Blog – Eine Seite für Paris- und Frankreich-Liebhaber





