Cuando me sumergí en el mundo del Tarot tenía apenas diecisiete o dieciocho años. Mis tías se convirtieron en mis primeras consultantes: les hacía lecturas con un mazo del Tarot Balbi, bastante accesible en aquel entonces, y con otro de estilo egipcio de la Editorial Kier.
Para explorar los significados recurría a un libro publicado por esta editorial, reconocida por su extensa colección de obras esotéricas y por sus emblemáticas librerías en Buenos Aires. Aquel material fue una puerta de entrada fundamental para comenzar a comprender el lenguaje simbólico del Tarot.
Tomar notas es esencial
Registraba de manera casi compulsiva mis impresiones: combinaciones de cartas, colores, ideas, sensaciones e intuiciones que surgían durante las lecturas. Todo tenía un sentido profundo, y cualquier detalle podía ser significativo. También realizaba lecturas personales, buscando sentir los arcanos en un nivel más íntimo y experiencial.
Dormir con las cartas bajo la almohada, llevarlas en la cartera durante el día, compartir tiempo con ellas, meditar a diario enfocándome en un solo arcano para desentrañar su mensaje: todas estas prácticas formaban parte natural de mi vínculo con el Tarot.
Con el paso del tiempo confirmé algo que sigo creyendo hoy: nada reemplaza la práctica constante, pero es igual de importante cultivar la propia intuición y mantenerse disponible para escuchar el mensaje que se manifiesta a través de las cartas.
Antes de cada lectura limpiaba el mazo y me tomaba unos minutos para meditar, especialmente si estaba nerviosa. Ese pequeño ritual me ayudaba a enraizarme, a centrarme y a conectar conmigo misma. Comprendí pronto que integrar el Tarot en la práctica requiere preparación, respeto y responsabilidad.
También aprendí a establecer límites claros y a honrarlos. Esa ética personal fue —y sigue siendo— la base que me permitió disfrutar plenamente de este fascinante universo simbólico que es el Tarot.
Aclaración de términos
El tarotista es la persona que ejerce la lectura del tarot como práctica habitual, actividad profesional u oficio. Para llegar a ese punto, se entiende que ha atravesado un proceso sostenido de estudio, práctica y experiencia, generalmente a lo largo de varios años, hasta adquirir la capacidad de interpretar con solvencia y criterio.
El tarólogo, por su parte, es quien ha estudiado el tarot de manera sistemática, profundizando tanto en la baraja como en los distintos métodos de interpretación, con el objetivo de alcanzar un nivel de conocimiento teórico y descriptivo de este lenguaje simbólico.
Ambos términos comparten un elemento fundamental: la logía, entendida como el acto de razonar, analizar y reflexionar. En la práctica, tanto el tarotista como el tarólogo estudian y practican; la diferencia radica más en el énfasis —práctico o teórico— que en una separación estricta.
Podríamos decir que el tarólogo se orienta al estudio y el tarotista a la práctica, aunque en la realidad ambos caminos se entrelazan y se enriquecen mutuamente.
Características que definen a una buena tarotista
1. No realiza preguntas innecesarias
Una tarotista seria no necesita conocer todos los detalles de la vida del consultante. Suele solicitar solo la información básica imprescindible para la lectura. El exceso de preguntas puede diluir la interpretación o derivar en sugestión emocional.
2. Mantiene respeto por la tirada
La lectura se realiza desde una actitud sobria y respetuosa. No hay teatralidad ni gestos grandilocuentes. El tarot no requiere escenificación ni alardes de poderes especiales, sino presencia, atención y claridad.
3. No promete lo imposible
Una buena tarotista mantiene los pies en la tierra. No genera falsas expectativas ni ofrece soluciones mágicas. Su función es ayudar a comprender situaciones y orientar decisiones, no garantizar resultados absolutos.
4. Ofrece respuestas claras y concretas
Las respuestas no son vagas ni evasivas. Una lectura de calidad aporta claridad, precisión y sentido, evitando generalidades que podrían aplicarse a cualquier persona.
5. Reconoce los límites del tarot
La tarotista ética deja claro que las cartas no expresan verdades absolutas ni destinos cerrados. El tarot muestra tendencias, procesos y posibilidades, siempre abiertas al cambio a través de la conciencia y la acción personal.
Una buena tarotista se caracteriza por su trato respetuoso, su profesionalidad, su capacidad de escucha y su comprensión profunda de los procesos humanos. El tarot se convierte así en una herramienta simbólica al servicio del autoconocimiento y la reflexión, no en un instrumento de imposición o dependencia.
Carolina de Pedro
Esotérica Blog – Barcelona, 2023
www.instagram.com/carolina.depedro
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